Padres y madres perfeccionistas y el síndrome del impostor

Desgraciadamente cada vez aumenta el número de padres y madres que aun siendo competentes sienten en realidad que son malos padres y madres. Como profesional y padre de dos hijas, este sentimiento lo considero hasta cierto punto natural experimentarlo porque al final somos humanos y la crianza nos lleva irremediablemente a una serie de dudas, dificultades y dilemas que nos hacen cuestionar nuestra competencia. Pero cuando este sentimiento se engancha demasiado a nuestro día a día y se experimenta de forma frecuente puede conducir a un deterioro de la salud psicoemocional y de las relaciones interpersonales.

¿Qué es el síndrome del impostor?

En general el Síndrome del impostor (o experiencia impostora como me gusta más llamarle) es un sentimiento generalizado de duda, inseguridad e incompetencia a pesar de la evidencia de que uno alberga las capacidades y ha tenido logros objetivos. Estos sentimientos arrastran a la persona a dudas persistentes sobre sí mismos y creyendo paradójicamente que pueden ser fraudes o impostores que finalmente fracasarán y serán desenmascarados como incompetentes.

Carlos Rodríguez

El término y los estudios de seguimiento desde el origen de la investigación fue acuñado por las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes en 1978 en base a un grupo de mujeres estudiantes universitarias que, a pesar de tener notas y resultados estelares en los exámenes, pensaban que la mayoría o todos sus logros habían sido de alguna manera el resultado de la casualidad o el error.

Los estudios que seguimiento demostraron que tanto los hombres como las mujeres son susceptibles de tener sentimientos de impostor y que los conflictos familiares tempranos y la falta de apoyo de los padres como las críticas excesivas pueden desempeñar un papel importante. Otro aspecto influyente son los estereotipos o las transiciones vitales. A menudo también se asocian al fenómenos y síntomas clínicos, como la ansiedad generalizada, la depresión y la disminución de la autoestima y la confianza en sí mismo.

Si quieres conocer y entender en profundidad la experiencia impostora le dediqué un artículo llamado El Síndrome del Impostor. Qué es y cómo superarlo

El síndrome del impostor en padres y madres

Si el interés primigenio partió de su estudio en mujeres y estuvo y sigue muy focalizado en el ámbito laboral, con el tiempo se ha ido trasladado o evidenciado su presencia a otros parámetros como los hombres, las relaciones sociales y en los últimos tiempos ha adquirido una presencia muy notable en los padres y madres.

Se le ha denominado Mompostors pero creo que deja de lado a otras figuras representativas durante la crianza centrándose únicamente en la madre y es por ello creo que sin ser perfecto pero si más justo se debería denominar parentalpostor para incluir a todas las figuras diversas a nivel de núcleo familiar que hoy en día forman parte del proceso de crianza.

Hay muchos aspectos a tratar en este proceso pero quiero centrarme en esta entrada de mi blog a uno que trabajo en mi práctica de acompañamiento psicológico: el perfeccionismo.

Asumir que somos padres y madres imperfectos

Ser padre o madre es un reto precioso, único, gratificante y emocionante pero no exento de dificultades, dudas, miedos, dilemas, incertidumbres, estrés y otras travesías difíciles de lidiar. A todas las dificultades propias de la crianza se le ha sumado al mismo tiempo el hecho de que nunca antes se había tenido tanta presión por ser el padre o la madre perfecta.

Pero si nos atenemos a una esencia de la crianza es en realidad pensar que lo que los niños necesitan de nosotros es el espacio para ser imperfectos, para ser amados y aceptados tal como son. Ese es el único lugar desde el que cualquiera de nosotros puede empezar a crecer.

De modo que, el objetivo, según sugiero, no es ser padres perfectos, sino ir siendo padres progresivamente menos torpes. Aprendiendo cada vez que no seamos capaces de dar a nuestros hijos la calidad de comprensión que necesitan, que no seamos capaces de expresarnos con honestidad. En mi experiencia, cuando se dan esas ocasiones, normalmente significa que no estamos recibiendo el apoyo emocional que necesitamos como padres, con el fin de dar a nuestros hijos lo que necesitan.

Marshall Rosenberg

La crianza de los hijos es una actividad agotadora y con unos niveles récord de estrés en la que cometer un error actualmente no parece una opción. Es más, se castiga. Es tanta la información que recibimos los padres y madres que sólo parece que haya una opción: ser perfectos.

Cuando el perfeccionismo en su formato sostenible deja de ser ese incentivo que puede apoyar a la motivación y se convierte en tóxico, es una vía muy rápida hacia la infelicidad y una condena duradera a vivir con miedo a fracasar que es lo que está detrás en gran parte del síndrome del impostor.

Creo que es difícil, porque la madre se siente muy responsable y quiere hacer el trabajo muy bien, ya sabes, perfectamente. En términos del fenómeno del impostor, se siente como ‘no puedo ser lo suficientemente buena’, ‘no soy lo suficientemente buena’, aunque hago todas estas cosas por mi hijo o hija, de alguna manera estoy fallando.

Dra. Pauline Rose Clance. Primera investigadora del síndrome del impostor.

Algunos datos para evidenciar el problema actual

En un estudio se informó que casi el 80 % de las mamás millennial afirman que es importante ser «la mamá perfecta», un porcentaje más alto que las madres de la generación X y las boomers, y el 64% cree que la crianza de los hijos es más competitiva hoy de lo que solía ser.

Según la revista TIME, en un especial titulado en portada “Help!. My parents are millenials” los millennials reportan sentirse inadecuados, abrumados y juzgados como padres más que los baby boomers o la generación X. Estos son adjetivos también asociados con el Síndrome del Impostor.

De acuerdo con una investigación, la colección de recursos en línea (sitios web para padres y madres, foros en línea, blogs especializados y redes sociales) reúne colectivamente el 71% de las clasificaciones de primer y segundo lugar cuando se trata de los principales influenciadores para padres y madres. Este es un claro testimonio de la amplia dispersión de personas influyentes en las que confían para encontrar la información que necesitan.

Atrás quedaron los días de uno o dos recursos icónicos únicos que formaban parte de la información que recibíamos (la madre, la abuela, la comunidad, algún libro de autoayuda, la opinión del médico y poco más). Por nos hablar de no escucharnos y dejarnos guiar por la intuición o sencillamente estar atentos a lo que nuestros hijas e hijos nos muestran y necesitan.

Además, un estudio reciente realizado encontró que el 97 % de las mamás y el 93 % de los papás de la generación del milenio consideran que las redes sociales son “algo” o “extremadamente” útiles para la crianza de los hijos.

La perfección no existe. ¿Por qué preocuparse aunque podamos sentirnos preocupados?

Cada vez más se trata de encontrar un dorado que no existe y es el de alcanza la perfección en la crianza. Una perfección que nos lleva directamente al síndrome del impostor parental que se traduce, en sus grados más nocivos, en una forma de niebla del miedo, tensión y preocupación constante. Reconocer que se vive en una perfección insana y una preocupación y miedo constante por ser el padre o madre perfecta es el primer paso para afrontarlo.

Si necesitas algo de motivación para creer en ello, concienciarte y tomar partido para regular esta preocupación constante te voy a decir que un estudió reveló que el 85% de lo que nos preocupa no sucede y con el 15% que sucedió, el 79%de los sujetos descubrió que podían manejar la dificultad mejor de lo esperado, o la dificultad les enseñó una lección que valía la pena, es decir, una lección de aprendizaje.

Esto significa que el 97% de lo que te preocupa no es mucho más que una mente temerosa que te castiga con exageraciones y percepciones distorsionadas. Como afirmó Michel de Montaigne Mi vida ha estado llena de terribles desgracias; la mayoría de los cuales nunca sucedió. Por tanto vamos a comenzar dando un pequeño gran paso: asumir que no somos padres y madres perfectos

Ser padre y madre pasó de ser un “conformarse” con que los hijos e hijas tengan cubiertas su necesidades y con una influencia muy reducida de las información recibida a una crianza llena de deberías que llegan por todas partes (como lo denomina la Pediatra Alison Escalante Shouldstorm) donde la crianza sea a tiempo completo (al menos mentalmente), emocionalmente exigente y sobre todo apoyada si o sí por un gran número de “expertos” que nos muestren el camino.

Perfeccionismo, estilos de crianza y consecuencias en los hijos e hijas

Antes de proponerte un ejercicio sencillo déjame que te hable de un factor muy importante: la relación del perfeccionismo y los estilos de crianza.

Según la investigación The Relationship Between Parental Perfectionism And Parenting Styles, los autores Koorosh Azizia y Mohammad Ali Besharata concluyeron que los padres perfeccionistas que se caracterizan por tener grandes expectativas de sí mismos y de sus hijos, estándares personales excesivamente altos y excesivamente preocupados por el fracaso, son más propensos a de una crianza intrusiva.

Los padres perfeccionistas están más enfocados a autoimponerse normas y estándares y son más incapaces de responder con sensibilidad y empatía a las necesidades y deseos de sus hijos.

Koorosh Azizia y Mohammad Ali Besharata

Así, los padres perfeccionistas exhiben sus actitudes perfeccionistas en sus estilos de crianza en donde evalúan el comportamiento de los niños de acuerdo con sus necesidades perfeccionistas que la mayoría de las veces son imposible de cumplir.

Como afirma Gail Cornualles en su artículo Perfectionism Can Become a Vicious Cycle in Families “Las madres y los padres corren el riesgo de transmitir esta tendencia a la siguiente generación, creando un patrón de insatisfacción”.

En relación e hilando el perfeccionismo con el síndrome del impostor, la Dr. Clance ha observado que las familias pueden dar dos tipos de mensajes que crean sentimientos de impostura en sus hijos. El primer grupo de padres era hipercrítico y solo comentaba los errores de sus hijos. El segundo grupo de padres eran los que elogiaban en exceso y daban vagos elogios generales como “eres el niño más inteligente del mundo”, sin un contenido específico.

Es probable que un padre con este tipo de perfeccionismo esté perpetuamente insatisfecho , creando un ambiente hogareño tenso y controlador. Además, al exigir a sus hijos estándares exigentes, las madres y los padres corren el riesgo de transmitir esta tendencia a la próxima generación para que el ciclo se repita.

Gail Cornualles

La idea en definitiva es no acabar extenuados por sentir que no somos suficientemente buenos a pesar que hacemos de todos por serlo. A lo que los padres deben aspirar, afirma el profesor de psicología Gordon Flett , es a un niño “que sabe que le importa a ese padre y que sabe que no tiene que tener las calificaciones perfectas”. En última instancia, el objetivo es comunicar una consideración incondicional, lo que se parece mucho a la antítesis del perfeccionismo.

Ejercicio de autocompasión para aceptar que el padre y madre perfecto no existe

Desgraciadamente cada vez aumenta el número de padres y madres que aun siendo competentes se sienten en realidad que son malos padres y madres. Un enfoque importarte a llevar a cabo cuando sucede este pensamiento para afrontarlo, es asumir la imperfección y convivir con el hecho que cometeremos errores. ¿Por donde empezar? ¿Qué nos podría ayudar?: la respuesta está en la autoaceptación y la autocompasión como herramienta.

El maltrato al que podemos llegar mediante la autocrítica puede llevarnos directos al sufrimiento psicológico y emocional. Un buen remedio para ejercer el “músculo” tan importante de la autoaceptación y autocompasión. Hay personas que se asustan ante la palabra autocompasión. Si prefieres podemos sustituirla por una breve definición: reconocer el dolor y responder a él con amabilidad y bondad. Justo lo contrario es cuando ejercemos la autocrítica dura y constante.

Cuando dedicamos compasión a nosotros mismos, la autocrítica comienza a diluirse para dejar paso a un sentimiento de autoaceptación tremendamente valiosa y sosegada. ¿Cómo? Primero entender la autocrítica desde tu experiencia con ella, luego sentir compasión por ella y finalmente sustituirla por una respuesta amable mediante una serie de habilidades. Existen muchas maneras de ejercitar la autocompasión pero te propongo una para comenzar: QUÉ LE DIRÍAS A TU MEJOR AMIGO

Esta aceptación de la imperfección supone comprender e interiorizar el hecho de que cometerás errores y en ocasiones harás las cosas mal. Como ejercicio, piensa en algunos errores que creas haber cometido con tus hijos. ¿Qué dirías a un amigo si te «confesase» haber cometido esos mismos errores?

Errores que he cometidoQué le dirías a un buen amigo/a
No debería haber permitido que mis hijos se acostumbrasen a pasar tanto tiempo con sus aparatos electrónicos al salir de clase.Es algo que hacen todos los padres. Cuando estás agotado por el trabajo y tienes que hacer la cena, cuesta oponerse a sus exigencias. Pero, si quieres, puedes cambiar las cosas. No es demasiado tarde




¿Has notado alguna diferencia? Si es así, pregúntate por qué. ¿Qué factores o temores entran en juego que te llevan a tratarte a ti mismo y a los demás de forma tan diferente?

La idea es reflexionar cómo crees que cambiarían las cosas si te respondieras a ti mismo de la misma manera que sueles responder a un amigo íntimo cuando está sufriendo o haciendo un auto juicio severo.

La clave de la resiliencia es que puedes manejarlo cuando te equivocas; no te sientes como, ‘Oh, soy una persona terrible’

Sarah Rosensweet

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